Crítica

 

"Canto a la vida"

 

 

Violeta. De: Cristían Figueroa. Dirección: Jesús Urqueta. Elenco: Claudia Cabezas, Victor Montero, Nicólas Zarate y Gonzalo Martínez. Diseño escenografía e iluminación: Ana Campusano. Diseño de vestuario: Loreto Monsalve. Realización escenográfica: Cristían Reyes. Producción artística y música: Marcello Martínez. Producción General: Francisca Babul. Gráfica y difusión: Medium Comunicaciones. Duración: 60 min. Fechas: 22 y 23 de enero. Matucana 100. Santiago. V Festival Internacional Santiago Off.

 

 

 

En el teatro la música en vivo siempre ha gozado de una gran aceptación popular. Intuimos de inmediato que será algo divertido, liviano, festivo, sofisticado como un canto a la vida. Evitar esto es casi imposible, incluso cuando sabemos que estamos frente a la revisión de la vida y el posterior suicidio de Violeta Parra.

 

Violeta, la segunda entrega de la trilogía Tiernos y feroces del dramaturgo Cristián Figueroa, dirigida por Jesús Urqueta nos promete la figura de la compositora y artista visual. Sin embargo, apenas comienza la obra nos encontramos con una cantante de Rock que, como un símil o alter ego, recorre ciertos momentos significativos en la vida de la artista.

 

La escena se abre con una banda de músicos que comienzan un ensayo entre instrumentos, sillones, botellas de agua y cervezas. En eso, una pequeña figura femenina entra, toma el micrófono y comienza un discurso que nos llena de referencia a la cantante popular. La música sube de volumen, esperamos la fuerza de su canto, una fuerza parecida a la de Violeta Parra, pero no se produce... ella termina en el suelo. El poder del rock se toma el escenario y ella está en el suelo.

 

La dirección de Urqueta es sostenida de buena manera por la ejecución, el sonido y la potencia de la música en vivo; aunque en otros aspectos es descuidada como en la búsqueda de un estilo que unifique los diferentes estilos actorales que propone el montaje. Claudia Cabezas, actriz que interpreta al símil de Violeta, durante el primer cuarto de la obra se ve débil en el escenario entre continuas caídas y con una profundidad forzada en cada uno de sus monólogos, mientras que sus compañeros actores-músicos permanecen en un naturalismo fresco que poco complementa lo que sucede en el mundo de la cantante.

 

Otro aspecto es el trabajo en la línea argumental de la obra que propone el director y que divide el montaje en dos capas diferentes: la vida en los ensayos de una banda de rock y algunos momentos claves en la existencia de Violeta Parra. Pero nunca, como espectadores, podemos hacer una lectura que una los dos bloques. El único espacio en que estos dos mundos se compenetran es cuando se toca el tema de la cesión de los derechos de la música y escritos, donde queda en evidencia la visión crítica sobre la familia de la cantante al impedir la libre circulación de su obra y el aprovechamiento económico de su apellido, traicionando de alguna forma su esencia popular y la visión política de su arte.

 

Para poder disfrutar del espectáculo primero debemos olvidarnos de la Violeta que todos conocemos y aceptar ciertos caprichos del director. Estamos ante un concierto temático, no de una nueva biografía de la artista. Pero no se preocupen, la música pronto nos hace entrar en la atmósfera y al final nuestros pies marcan el ritmo de cada una de las canciones. Este es el poder de la música y su fuerza es innegable.

 

 

 

 

Felipe V

 

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