ENTREVISTA

 

“Teatralmente lo que pretendo ahora es callarme".

 

Luis Barrales.

por A.J. Mamani. Marzo 2016.

Luis Barrales, actor, director y reconocido dramaturgo egresado de la Universidad Arcis, es el autor de obras como HP Hans Pozo, Niñas Araña y La Mala Clase (Premio Altazor 2010), entre otras. 

 

Barrales constituye una de las voces más originales de la escena teatral nacional. Su dramaturgia se caracteriza por su ineludible contenido crítico al modelo político y al devenir de la sociedad chilena, además de las distintas operaciones de sincretismo que genera un lenguaje en el cual la suciedad resplandece, forjando de esta manera una poética que extraña e identifica delimitando, como pocos, en el contorno de la precariedad de una comunidad nacional marginalizada.

 

 

Para comenzar cuéntanos de tu último trabajo Xuaréz, cómo fue el proceso, la investigación...

 

Xuaréz fue un proceso muy largo, trabajoso y satisfactorio que reunió a un grupo creativo muy potente, todo el equipo eran mujeres y yo en medio, cuestión inédita para mi, nunca me había ocurrido, me tuve que sumar a su dinámica y fue muy provechoso.

 

Manuela Infante, la directora, es una creadora muy inteligente, rigurosa, entonces también obliga al equipo a sumarse a su ritmo -la directora es la que lleva el ritmo-. Hicimos un trabajo de investigación largo y tendido en el que todos estuvimos involucrados, leímos mucho, realizamos entrevistas, investigamos, etc… y el proceso de construcción de la dramaturgia en sí estaba en paralelo a la creación del montaje. Se iba trabajando a partir de directrices escénicas y eso después se iba elaborando junto al texto. En el modus operandi no se distinguió mucho de otros trabajos que he hecho, es investigación y ponerse a escribir mientras se está montando y reescribir de acuerdo a lo que va diciendo la escena.

 

 

Como dices, en el modus operandi al menos no cambió mucho, pero si creo ver un cambio en el trabajo de tu lenguaje. ¿Consideras que estás en una “nueva etapa” de tu dramaturgia?

 

Hace un tiempo viene dándose, por lo menos hace unos cinco años, desde que hicimos Shakespeare Falsificado, entre otras cosas porque no me interesaba seguir repitiéndome. También tiene que ver con pulsiones personales, con biografía y con la edad. Pero sí, claramente hay un cambio.

 

 

Entonces, ¿cuáles son los lenguajes que te interesa explorar o encontrar ahora?

 

Teatralmente lo que pretendo ahora es callarme un rato, porque estoy en una etapa en mi vida donde me replanteo un montón de cuestiones y no creo que tenga nada que decir por ahora. Estoy intentando encontrar y nutrirme para volver a escribir. Y cuando vuelva, me interesa enfrentarme a la figura de la “mujer” y del “hombre”, el hombre y la mujer del modo más simple, profundo y honesto que encuentre. En esa parada estoy. Lo que uno escribió, lo que uno montó es un orgullo, pero corresponde a otra época que ya fue.

 

 

¿Hay próximos estrenos donde podamos ver tu nombre en cartelera?

 

Sí hay, pero son procesos que ya estaban comprometidos y que están marchando, pero después de eso cerramos la fábrica un rato.

 

Este año estreno dos obras, una con Jaime Lorca y Paly García y la otra es un proyecto con Sebastián Jaña, con el que hicimos Jardín de Reos hace un par de años atrás y que ahora vamos hacer una rescrituras de Las Sirvientas de Genet.

 

También me estoy dedicado al cine y a la televisión. Estoy tratando de aprender estos lenguajes.

 

 

Cuéntenos ¿Cuál ha sido tu experiencia con la serie Príncipes de barrio y con la película Niñas Araña?

 

En la película Niñas araña el guión no es mío. No participe en la escritura del guión, el director de la película con Daniela Aguayo, que es la directora de la obra de teatro, construyeron el guión y tomaron como base mi obra, pero viendo la película es muy distinta. No hay de mi en la autoría de la película, salvo que se basó en la obra de teatro.

 

Príncipes de Barrio fue lo primero que realicé en televisión. Con el equipo aprendí mucho y también lo pasé muy bien. Lo audiovisual en general es muy distinto al teatro.

 

 

Cambiando el tema a centralismo y dramaturgia, háblanos un poco de FEDAM y de la participación que tuvieron impartiendo talleres en la última versión de STGO OFF.

 

Parto a Talca muy pronto, ya que FEDAM se inaugura el 10 de marzo. Voy a estar allá con la gente, es una experiencia muy agradable. Bueno, yo soy de provincia, y personalmente siempre me gusta volver a provincia, es agradable estar ahí físicamente.

 

En cuanto al grupo de muchachas y muchachos que tomaron el taller fue un grupo con una predisposición motivante al aprendizaje. La relación de intentar enseñar algo, depende tanto del que entrega como el que recibe para que se produzca la comunicación. Entonces fue un proceso muy agradable, hay gente con mucho talento en provincia y se comienza a hacer lentamente un trabajo, como lo es FEDAM, que intenta poner en valor el ámbito local. Y en eso, uno siente un vínculo y compromiso a ayudar en todo lo que pueda.

 

 

En el mismo taller tuviste la oportunidad de conocer a Masiel Zagal que es la autora de la principal obra de este año en FEDAM. ¿Qué nos puedes contar del texto y del proceso de ella a partir de tu trabajo como profesor guía?

 

Masiel tiene la gran virtud de estar dispuesta a permearse de la opinión no solo mía, en este caso como profesor, sino que también de sus compañeros talleristas. Tiene esa capacidad, que es una gran virtud, que quizá suena un poco a lugar común, pero no todos los autores con los que me he topado la tienen. Su proceso en particular es clarísimo en el sentido de cómo se fue modificando en relación a la crítica y contracrítica que le hacíamos en el taller y su obra fue agarrando cada vez más consistencia precisamente porque es muy hábil para captar aquello que se le estaba diciendo. Fue un proceso que me dejó muy contento.

 

 

A partir de la frase “Santiago es Chile”  ¿Qué opinas de las nuevas voces emergentes de región?

 

Es difícil... el teatro es una actividad difícil incluso en Santiago y en provincia eso se agudiza fundamentalmente porque no hay audiencias. Por eso, en mi opinión, el trabajo debe darse junto al desarrollo y el descubrimiento de talentos locales en el teatro, en todas las áreas no sólo en dramaturgia, con un trabajo en paralelo basado en la formación de audiencias y para eso es fundamental el Estado; porque de otro modo no podemos sino esperar que aquellos talentos locales que surjan, tarde o temprano terminen emigrando a la capital, continuando el fortalecimiento de la lógica centralista. No sacamos nada con descubrir talentos locales si van a estar condenados a irse a Santiago para poder ser visibilizados, reconocidos y que en estricto rigor puedan vivir de su trabajo.

 

 

Muchos piensan que si una obra de teatro no se estrena en Santiago no tiene “vida propia”.

 

Habría que definir qué es “vida propia”, yo supongo que ese tipo de definiciones pasan directamente por los autores, por los creadores; si el objetivo de un grupo de teatro en Punta Arenas es hacer una obra que tenga una temporada de seis funciones con un público aceptable, la obra cumple su objetivo.

 

Esto tiene que ver mucho con el manejo de la expectativa. Todos los teatristas aspiramos a que nuestra obra sea vista por la mayor cantidad de gente posible, pero ¿cuánto es esa cantidad de gente? Esa es una cuestión que cada grupo decide. Yo hice teatro en provincia antes de venirme a Santiago, teatro aficionado que de aficionado tiene sólo el nombre; porque la mecánica con que trabajaba es la misma que hago en lo profesional, salvo que no te pagan por eso. El interés nunca estuvo puesto en que el trabajo fuera aplaudido o reconocido, sino que tenía que ver simplemente con comunicar un hecho en particular a una comunidad.

 

No necesariamente todos buscan que su producto tenga masividad o repercusión mediática, no sé cómo definirlo. Hay gente muy honesta y sin ninguna pretensión.

 

 

¿Nos podrías adelantar algunas de las voces emergentes que podríamos esperar de región?

 

Además de Masiel, está un muchacho que también estuvo en el taller y que ganó el FEDAM el año anterior, Daniel Acuña, es un muchacho con muchas condiciones; ojalá que sus trabajos puedan ser montados en Santiago... allá o donde sea. Para que así vaya probando su mano y escribiendo cada vez mejor. En mi opinión él tiene una muy buena voz.

 

 

 

 

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