ENTREVISTA

 

“Nací enamorado del teatro".

 

Luís Araújo.

por Felipe Vera. Noviembre 2015.

Luís, actualmente trabajas en la Universidad de Estrasburgo impartiendo un Master sobre prácticas teatrales.

Tu formación comienza como estudiante de filología hispánica en la Universidad Complutense de Madrid, después pasaste por la RESAD, cursando el recorrido en dirección de escena.

 

¿Te acuerdas cómo te enamoraste del teatro?

 

Llevo haciendo teatro desde que tengo recuerdos. Me subí por primera vez a un escenario con 8 años a recitar un poema en una fiesta del colegio en Madrid. Desde entonces me apuntaba siempre  a participar en toda actividad escénica, teatro, música, poesía... siempre actuaba en el montaje teatral de fin de curso. Llevo toda la vida haciendo teatro. A los 16 años, formamos un grupo totalmente independiente con los compañeros de colegio, lo llamamos el Grupo Crisol, éste fue contratado y esa fue la primera vez que me pagaron por actuar. Luego colaboré en grupos universitarios durante mis estudios de Filología. Cuando terminé tenía claro que esa era mi profesión y empecé a estudiar, con profesores privados que me interesaban primero, luego en talleres con determinados maestros cuyo trabajo seguía, y finalmente me inscribí en la RESAD para hacer dirección de escena. Pero para entonces yo ya dirigía profesionalmente. De hecho no acabé los estudios oficiales de Arte Dramático porque mis horarios como actor y director no me permitían asistir regularmente a todas las clases. Seguí algunos de los cursos con muchísimo provecho pero no hice los exámenes. Así que no tengo titulación oficial de Arte Dramático.

Hacer teatro ha sido para mí la actividad normal en la vida, lo que he hecho siempre. Y por supuesto me he preocupado de formarme con maestros, leer muchísimo y, sobre todo, he compartido montajes y escenarios con gente de la que la experiencia me ha valido por varios “diplomas”, como es el caso de Pierre Chabert, el director que trabajó con Samuel Beckett los últimos años de la vida del autor, de quien fui ayudante de dirección en varios montajes y con quien aprendí lo  más importante de lo que sé en teatro. Maestros he tenido muchos en diferentes campos.

Y si me dices cuándo me enamoré del teatro, nací enamorado del teatro, no sé por qué, pero recuerdo, por ejemplo que el día que salía del Teatro Reina Victoria de Madrid de ver La boda de los pequeños burgueses de Brecht montada por Los Goliardos con dirección de Ángel Facio, pensé claramente “yo me voy a dedicar a esto”. Tenía 15 o 16 años.

 

 

Has dirigido las obras que escribes, otros han dirigido tus obras y también tú has puesto en escena obras de otros autores.

 

¿Qué diferencia existe entre el Luis Araújo autor teatral y Luis Araújo director de escena?

 

Son dos dinámicas muy diferentes, suponen dos formas de energía y dos actitudes. El autor es mucho más reflexivo, huraño, asociable, puedo pasar días enteros, semanas incluso, sin hablar prácticamente con nadie, encerrado en casa escribiendo sin saber qué hora es ni qué día de la semana. Rumio hasta la saciedad cada réplica, cada escena, cada silencio, cada ritmo, rehago y deshago continuamente, reviso lo hecho todos los días y puedo deambular por casa un día entero porque no acabo de decidir cómo sigue esa escena.

El director es un señor de lo más sociable, simpático (espero) y parlanchín, que no para en casa ni las horas suficientes para dormir, que habla hasta la madrugada con los actores, iluminadores, escenógrafos, diseñadores, técnicos... Que está permanentemente atento a lo que surge a su alrededor, a las ideas del equipo, a la realización de las suyas, a que se cumplan los plazos. Y naturalmente a los actores, hay algo de psicología y de terapia en dirigir actores, en las dos direcciones, los escuchas, los acompañas, les llevas como si llevaras un niño que aprende a andar. Y al mismo tiempo ellos te enseñan cómo funcionamos las personas, nuestros miedos, nuestro coraje, nuestra generosidad, nuestra perversión.

A veces se da un cruce entre estas dos dinámicas, no es frecuente dada la forma de producción profesional estándar, pero cuando sucede es frenético y apasionante trabajar con todo el equipo al tiempo que escribes, reescribes, escuchas. Participar en la locura colectiva. Arrebatarte en la corriente de energía común. Limar los egos produce una energía imparable.

 

 

¿Cómo definirías al conjunto de tus obras o tu “poética” individual?

 

Eso me resulta muy difícil. Como dice Handke busco el lenguaje, la energía de cada tema, de cada construcción, de cada propuesta. Estoy seguro de que se pueden detectar varias líneas en mi producción. Pero es difícil hacerlo sobre uno mismo. Quizá a nivel intuitivo, pero hacerlo en serio requiere tiempo de análisis y estudio a posteriori. Yo lo veo en otros autores y tengo claro que lo hay en mi obra, claro, pero se lo dejo a los estudiosos, críticos, teóricos de universidades y demás especialistas. Ese es su trabajo.

 

 

En tu historial como dramaturgo aparecen obras con distintas temáticas como Mercado libre (Premio Esperpento, 2008), Lentejas (Premio Barahona de Soto, 2014) y Kafka enamorado (estrenada en el CDN en 2013) entre varias otras más.

 

Cuéntanos ¿Qué autores y cómo estos influencian tus procesos creativos?

 

Creo que hay un maremagnum de lecturas y montajes que me han influenciado a lo largo de mi vida, de modo que sería difícil desentrañar qué aspectos de quién me han influido más o menos en determinados momentos. Sin embargo sí te puedo decir que para mí el gran autor es Becket y su continuador Harold Pinter. Lo que no impide que me fascinen Sófocles o Shakespeare, que siga bebiendo de  autores grandísimos como Chéjov o Ibsen, o incluso que me interese mucho el trabajo de algunos contemporáneos más jóvenes que yo, como Juan Mayorga o Lluisa Cunillé.

 

 

Por último, y antes de despedirme, háblanos un poco de tu próximo proyecto teatral.

 

Nunca hablo de eso, dicen que si hablas de los proyectos “se gafan”. Pero sí te puedo decir que está a punto de aparecer en la Editorial Cátedra, mi último texto escrito, No perdáis este tren, en un volumen conjunto que han titulado Tres comedias de miedo y que ha coordinado y cuidado con mucho mimo el catedrático Francisco Gutiérrez Carbajo, de la UNED.

Lo demás te lo cuento cuando esté en pie.

 

Un fuerte abrazo, fue un gusto conocerte y espero que haya disfrutado tu estadía en Santiago.

 

 

 

 

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