ENTREVISTA

 

"Hay poca publicación. Hay poca teoría. Hay poca recepción crítica".

 

Tomás Henríquez Murgas.

Por Ana López Montaner.

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fui a ver Minero 34 en la cual fuiste actor y además dramaturgista. ¿Cómo fue ese proceso? 

El proceso de Minero34 parte en 2010 como una muestra de un exámen de actuación. Era muy estimulante porque la contingencia estaba sucediendo en la tele. Mientras armábamos la muestra, que en ese momento duraba 15 minutos, el rescate de los 33 estaba en desarrollo. Junto a un grupo de compañeros armamos un ejercicio ficticio que trataba de la vida de aquel minero que no fue a la mina el día del derrumbe y de lo qué sucedía dentro de su entorno familiar. El resultado a todos nos gustó, pero no fue sino hasta varios años después que nos reunimos y tomamos la decisión de trabajar el ejercicio y darle formato de obra. A partir de improvisaciones, cada cual por unidad temática, fuimos generando material textual y distintas situaciones que nos resultaran coherentes. Mi rol como dramaturgista, (pienso en la definición de M.L Hurtado, quién define dramaturgista como un "asesor literario del grupo teatral") consistió en ordenar el material de las improvisaciones, editar contenidos, proponer situaciones dramáticas, poner en evidencia las contradicciones ideológicas de cada rol, inventar relatos y monólogos, y estructurar lo que a la larga fue una suma de materiales textuales, nunca fijos ni inalterables, sino que siempre dispuestos a ser tratados como aquello que la palabra es: una materialidad más dentro de un montaje que piensa la puesta en escena como un espacio articulador de diferentes sentidos.

 

Pronto será el lanzamiento de una obra tuya publicada por Mago Editores. ¿De qué va el texto?

En noviembre saldrá publicada "La Mujer metralleta", texto ganador del concurso de dramaturgia realizado en 2013 por la Editorial Mago en virtud de los 40 años del golpe de estado. La obra es una obra que no es ni documental, ni biográfica, ni mucho menos un homenaje, sino que trata de la vida en el exilio de una mujer que luchó los horrores de la dictadura, y los horrores de aquella democracia pactada de la que todavía somos testigos. La obra es una ficción, que si bien parte de un personaje real, intenta exponer un conflicto generacional entre aquellos que vivieron, lucharon, y sufrieron el periodo de la dictadura y sus hijos, es decir nosotros, aquellos que nos criamos en los 90, viendo cómo esa alegría que se prometía nunca llegó, viendo que tampoco nunca crecimos con igualdad y que para colmo nos endeudamos de por vida, etc...

 

¿Y qué importancia tiene para ti ser publicado?

Para mi es importante la publicación pues el libro es un formato que no pasa de moda y permite la difusión de todo tipo de material. Me gusta leer a autores que sean contemporáneos a uno. Gente que está viviendo los mismos procesos históricos y políticos que tu y que sin embargo tiene percepciones del mundo -muchas veces- muy distintas. Me gusta saber de qué escriben. Cómo escriben. Cómo piensan el teatro desde la escritura. Creo que la falta de publicaciones merma nuestro desarrollo como teatristas. Me pasó mucho en la escuela que necesitaba encontrar textos producidos por autores jóvenes y había siempre muy poco. Y no porque se haga poca dramaturgia. Hay poca publicación. Hay poca teoría. Hay poca recepción crítica. Hay poco interés por hacer circular materiales. Me llama la atención eso. Pero dramaturgia hay mucha. El rollo es que no se le da valor al texto como cuerpo de trabajo. Se habla mucho de la importancia de los procesos pero poco del registro, su archivo, y la circulación de dichos materiales. La fiebre por el archivo que se da hoy por hoy en las artes visuales, da cuenta de la emergencia de procesos mucho menos interesados en las retóricas de las grandes obras, o en las obras plenamente terminadas sino en aquellas donde el proceso se vuelve tan complejo e interesante de tratar como la obra misma. Se trata finalmente de darle valor a la emergencia de los materiales, y en este caso, en el caso de las artes donde el cuerpo del artista es el principal protagonista, es cuando la escritura misma también se torna cuerpo. Y darle valor a ese cuerpo es nuestra pega.

 

Has editado libros por tu cuenta -me refiero de manera independiente- en Argentina si no me equivoco, ¿Te gustaría trabajar en la edición y publicación de dramaturgia chilena?

Edité el año pasado un libro con dos obras de un amigo dramaturgo. La edición en Argentina es considerablemente más barata, razón por la cual no tuvimos mucho que dudar y lo hicimos allá. Luego traficamos los materiales, y en varios viajes de distintos compañeros y amigos pudimos traer todos los libros y distribuirlos. Aunque lo he hecho, la verdad no me interesa trabajar como editor.

 

¿Crees que es posible la autoedición y qué posibilidades de distribución vislumbras?

La auto-edición siempre es posible, y muchas veces es la única manera de hacer circular. La lógica del fanzine, del panfleto implican dinámicas que para las lógicas actuales del campo teatral son muchas veces impensables, porque como ya dije antes, el cuerpo del texto no está siendo pensado para su distribución. Falta el ánimo de darle cariño al trabajo y ponerse a pensar no solo en el actor y su maravillosa subjetividad efímera tan propia de la teatralidad, sino en los materiales que quedan. En esos registros que no te devuelven al presente la obra que se pierde, sino que son en sí mismos nuevas obras.

 

Ganaste la pasada Muestra de Dramaturgia Nacional, en 2012, ¿Qué recoges de esa experiencia?

Mi experiencia el 2012 fue buena. Quizás demasiado respetuosa en varios sentidos.

 

Ahora se han anunciado cambios en la forma de realizar este tradicional evento. ¿Qué te parecen los cambios de la nueva dirección artística?

De lo que pasa este año no sé mucho. Creo que si bien los esfuerzos institucionales se han hecho, y valga también reconocerlos, sabemos que todo esfuerzo que proviene de las instituciones es siempre insuficiente. Y no se trata de que uno se quiera ubicar en la vereda de los eternamente disconformes, o tirarle caca al evento y al estado porque sí, sino que poner el acento crítico cuando uno ve que la discusión artística es casi estrictamente formal.

Una crítica radical podría señalar que cualquier tipo de experimento curatorial, y si es que la idea es ponerse ingenioso, va a ser siempre insulsa pues un real incentivo a las escritura dramática en el país no puede depender del antojo circunstancial de un par de “elegidos”, que no obstante seguirán reproduciendo los mismos modos de producción dramatúrgica, los mismos públicos objetivos, los mismos espacios de trabajo, las mismas estéticas colonizantes, las mismas estrategias de circulación, etc. La política tiene que ser de fondo y a largo plazo. Rescato la voluntad curatorial de cuestionarse aspectos formales en torno al proceso de montaje. Y sería. Porque las preguntas en torno al texto siguen: ¿Qué dramaturgia se intenta mostrar en un evento de este tipo? ¿La de un texto soberano e inmodificable que trae consigo una palabra siempre necesariamente innovadora pues resulta fiel representante de los “nuevos lenguajes”? ¿La palabra que un director de turno crea necesario mostrar pues su propia sensibilidad social de creador lo hace ver como imprescindible? ¿La que un certamen como este necesita validar pues refleja su propio marco institucional así lo ? No lo sé. Creo que una de las grandes enseñanzas que dejan los procesos de desobediencia civil, del 2006 a la fecha implica también la necesidad de ser capaz de sospechar de todas aquellas retóricas aparentemente bien-intencionadas de la participación, la inclusión, y la memoria colectiva. Es que el discurso bacheletista, que tan bien le cae a un enorme piño de señoritos, hace agua por todas partes.

 

Como dramaturgo, ¿De qué escribes?, ¿Cuáles son las cosas que te interesan como autor?

Me interesan los personajes históricos. Me interesa la arquitectura. El feminismo como una herramienta epistemológica para indagar el mundo, para imaginarlo, pero también para destruirlo, para odiarlo, para vomitar en ese mar de discursos cerdos y reaccionarios que todos los días nos rodean. El tema de género es también un tema de clase. Me gusta la poesía. Me gusta investigar en la escritura pero no necesariamente en la dramaturgia. A veces uno escribe teatro más por obligación que por placer. Por ende las investigaciones a las que uno se enfrenta no se piensan necesariamente para obtener un rendimiento dramatúrgico inmediato. A veces hago crítica, otras ensayo. Indagar entre medio también es rico. Los textos muchas veces no son una cosa definida y es un desafío tratarlo como eso. Mapas que se trazan, que se invierten y se transforman en bitácoras de trabajo. Soy un fanático de conceptualizar las ideas que te cruzan la cabeza como si fueran intuiciones indomables que uno insulsamente quisiera domesticar con un papel y un lápiz. Hago dibujos y garabatos por una necesidad de saber lo que en ellos se esconde. Es como la droga. No escribo drogado pero hay tanta idea mágica que se te aparece cuando estas drogado, y al mismo tiempo tanto vacío, tanto olvido, tanto dolor, tanto fantasma, tanta omisión. Creo que soy un hombre leve. Soy levemente hombre. Por eso a veces uno viaja y se vuelve nómade y se va en muchos rollos: que el teatro, que el amor, que la política, que el problema de la actuación, que el texto, y así, sin mucho la escritura aparece en medio del papel siempre como una respuesta esquiva y bastante errática, instalada como un problema de aquello que uno siempre trató de evitar: la obra.

 

¿Estás en algún proyecto que se vaya a estrenar pronto? ¿De qué se trata, dónde y cuándo será la temporada?

En noviembre se estrena en el Sidarte, y paralelamente se publica La Mujer metralleta. En diciembre volvemos, también al Sidarte con Minero34. No sé qué vendrá después.

           

¿Qué opinas de la creación de una agrupación ó/y organización de dramaturgos independientes que trabajen en comunidad para revisar sus textos, autoeditarse, generar vínculos, escena, etc?

Creo que sería bueno. Este país necesita ampliar la discusión en muchos planos. La dramaturgia es un bonito lugar para inventar cosas, para imaginar otros mundos posibles.

 

 

 

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