Noche Mapuche

de Marcelo Leonart​​

El texto a continuación es un extracto de la obra. 

Noche Mapuche, está protegida por derecho de autor, inscrita en el Registro de Propiedad Intelectual de Chile. 

RESEÑA

Noche, música bailable, erotismo y alcohol. Dos parejas en un departamento del barrio alto escuchan la historia sexual que la dueña de casa tuvo a los 16 años con un trabajador mapuche del campo de su papá. Un chiquillo de 19 años que metieron sin ropa a su pieza como broma, despertando el deseo, único punto posible de encuentro entre ellos. Ese relato que se calienta, violenta y confunde hasta desdibujar el tiempo y el espacio.

EXTRACTO

TERCERA PARTE

UN FINAL CALIENTE, CALIENTE

Escena 1

En escena se encuentra Ayelén y Pedro Lautaro.

AYELÉN: Esto no es un sueño. Es verdad.
La noche del tres de enero de 2008, un grupo de comuneros mapuches

invadieron los límites del fundo Santa Margarita, propiedad del conocido agri- cultor de la zona Jorge Luchsinger, con el objetivo de hacer escuchar sus de- mandas, las que incluían peticiones del todo radicales, como la autonomía total del territorio original de lo que se denomina Wallmapu y la devolución —de parte del estado chileno y los winkas o invasores— de las tierras usurpadas desde hace más de ciento cincuenta años.

PEDRO LAUTARO: Esto no es un sueño. Es verdad.
Según los primeros relatos de lo sucedido esa noche, el grupo de peñis

llegó al lugar cerca de las cuatro de la mañana para efectuar su protesta, a par- tir de gritos y consignas que tenían como objetivo marcar presencia y hacerle saber al winka que los hijos de Wallmapu no lo habrían de dejar tranquilo has- ta la devolución total de su territorio. Para que el discurso quedara meridia- namente claro, el grupo de peñis incendiaron un granero.

AYELÉN: Las fuentes de este relato indican que en sólo minutos, desde el sur, apareció una camioneta del Grupo Operativo de Fuerzas Especiales de Carabi- neros de Chile (GOPE).

PEDRO LAUTARO: Los peñis comuneros torearon un poco a las fuerzas es- peciales durante un rato. Con gritos como de película del oeste. Como si fueran apaches o pieles rojas atacando las fuerzas del séptimo de caballería. Pero en cuanto vieron que los carabineros del GOPE preparaban armamento más pesa- do, los comuneros mapuches —valientes, pero no huevones— decidieron es- capar en el medio de esa noche oscura.

AYELÉN: Se escucharon varios disparos. Y entremedio de ellos se oyó un Ay. Me dieron, peñis, que los estremeció a todos. La voz que se escuchó pertenecía a Matías Catrileo Quezada, veintidós años, estudiante de agronomía, quien ha- bía abandonado su vida urbana en Santiago, para estudiar en la Universidad de La Frontera de Temuco y participar en el movimiento mapuche por la recu- peración de tierras, objetivos todos heridos de muerte, al menos para él, con el  disparo recibido mientras huía en la oscuridad de la violenta noche mapuche. Un disparo recibido en la espalda.

 

Entra Guacolda.

GUACOLDA: Esto no es un sueño. Es verdad:
La madrugada del cuatro de enero de 2013, luego de una tensa jornada

debido a la conmemoración de los cinco años de la muerte del comunero ma- puche Matías Catrileo a manos de las Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile (GOPE), el matrimonio descendiente de colonos chileno-alemanes con- formado por Werner Luchsinger, de setenta y dos años, y Vivian Mackay, de sesenta y ocho, se encontraba solo en su casa ubicada en el fundo Granja Lu- mahue, en la comuna de Vilcún, mismo sector donde la muerte del joven había encendido los ánimos ya caldeados dentro del denominado “conflicto mapu- che”.

 

PEDRO LAUTARO: Según las fuentes de este relato, los Luchsinger ya dor- mían tipo una de la mañana cuando un grupo indeterminado de presuntos comuneros mapuches con ganas de joder a algún miembro del clan Luchsinger en esos días emblemáticos, hizo ingreso a la propiedad. Luego de romper los cercos, presumiblemente hicieron ingreso a la cocina. Probablemente no lo hi- cieron por las buenas. Probablemente hicieron ruido. Probablemente, Werner y Vivian despertaron muertos de susto. Tal vez Werner dijo:

 

AYELÉN: Quédate aquí, vieja. Yo voy a ver qué es lo que pasa.

 

PEDRO LAUTARO: Y el viejo tomó su calibre .22 del velador, revisó si tenía balas y, quitándole el seguro para no perder segundos preciosos si la situación así lo requería, salió de la habitación matrimonial rumbo a la escalera.

 

GUACOLDA: Hay un agujero negro en el relato. Debido a los terribles hechos sucedidos después sólo podemos elucubrar lo que sucedió: Werner al parecer bajó al primer piso de su vivienda. Al encontrarse cara a cara con los invasores de su propiedad, pistola en mano, los conminó a retirarse inmediatamente de ahí.

 

AYELÉN: ¡Salgan de mi propiedad, carajo!, debió haber dicho. ¡Salgan de mi propiedad o disparo! Pero los invasores, probablemente comuneros mapuches, no estaban ahí para hacerle caso a un anciano en pijama. Ni siquiera con una pistola calibre .22 en la mano.

 

PEDRO LAUTARO: ¡Dispara, winka huevón!, puede que haya dicho un peñi. ¡A que no tienes el newén para enfrentarnos como un hombre! ¡No vamos a darte la oportunidad de dispararnos por la espalda como alguna vez lo hizo el estado chileno en contra de nuestro peñi, el weichafe Matías Catrileo!

GUACOLDA: No podemos saberlo. Este es el punto ciego del relato. Tal vez hubo advertencias. O tal vez no.

 

PEDRO LAUTARO: Todos los relatos posibles indican que en este punto ciego del relato empezó un tiroteo. Todos los relatos indican que en este punto ciego del relato Werner Luchsinger quedó herido.

 

GUACOLDA: Lo siguiente no es parte del relato ciego. Está consignado en la central del 133 de Carabineros de Chile de la zona, con la llamada de una mu- jer, a la una con quince minutos, en absoluto pánico, que correspondía a Vivian Mackay y que, según consta en las grabaciones, se comunicó con el carabinero de guardia en los siguientes términos:

(Ayelén y Pedro Lautaro escenifican la siguiente escena. Ayelén como el Carabinero. Pedro Lautaro como Vivian Mackay.)

 

VIVIAN MACKAY: Nos atacaron, por favor... Vivian Mackay y Werner Lu- chsinger... Está herido.

 

CARABINERO: ¿En qué fundo, señora?

 

VIVIAN MACKAY: En el fundo Granja Lumahue.

 

CARABINERO: (afirmando) La granja fue atacada.

 

VIVIAN MACKAY: (afirmando a su vez) La granja fue atacada. CARABINERO: (afirmando) El señor Luchsinger se encuentra lesionado. VIVIAN

 

MACKAY: (informando otra vez) ¡Werner Luchsinger! CARABINERO: Sí. ¿Y por dónde es que llegamos, señora?

 

VIVIAN MACKAY: General López, cinco kilómetros.

 

CARABINERO: General López, cinco kilómetros.

 

VIVIAN MACKAY: Lo matóoooo... (Llanto.)

 

CARABINERO: Ya, señora, ¿y usted está lesionada?

 

VIVIAN MACKAY: Nooooo...

 

CARABINERO: ¿Cuántas personas eran, más-menos?

VIVIAN MACKAY: Yo no vi más que a uno. Pero él gritaba: ¡Mátalos, hueón! ¡Mátalos!

 

CARABINERO: (inseguro) Cerca de Palermo me dijo. ¿No es cierto esto?

 

VIVIAN MACKAY: (impaciente, desesperada) ¡No, no, no! ¡La Granja Lumahue! Yo llamé a mi hijo ahora. Quedó de venir ahora. ¡Mi marido está herido! (Se queja) ¡Aaaaaaaah! ¡Siguen disparando! ¡Por favor vengan luego!

 

GUACOLDA: Lo que ha pasado o está pasando en la casa de los Luchsinger es o pudo haber sido la siguiente: Werner Luchsinger, haciendo uso de su arma de fuego en absoluta defensa propia, ha herido a uno de los peñis encapucha- dos que han llegado a su casa al son de consignas como ¡Winka, culiao! y ¡Ma- rrichiweu! con un certero balazo. Porque tiene claro que no se va a entregar así no más.

 

AYELÉN: Hay un segundo de silencio entre los gritos. Los posibles comuneros mapuches se dan cuenta de que el winka, con la pistola calibre .22 en la mano, le ha disparado a un peñi por la espalda. Repito: por la espalda. Esto no es in- vención. Esto consta en diversas versiones periodísticas y/o judiciales.

 

GUACOLDA: Me dieron, cabros, se escucha en el medio de ese silencio inmóvil. Y todos los que están en esa casa piensan al unísono, como si su espíritu los soplara, en el weichafe Matías Catrileo.

 

PEDRO LAUTARO: Lo que se viene es la ira de un weichafe. Y el sentimiento es que, luego de siglos de cansancio e invasión y lucha, ya nada importa. El sentimiento es que hay que incendiarlo todo. Que hay que purificarlo todo. Como si todo fuera un sueño. Porque sólo el fuego y los sueños nos puede iluminar.

 

GUACOLDA: ¡Traigan los bidones!, se escucha una voz. ¡Traigan los bidones!

 

 

***

 

Santiago. Wallmapu. verano de 2016.

ESTRENO: Octubre de 2017.

TEATRO: GAM

 

ELENCO: Nona Fernández, Pablo Schwarz, Daniel Alcaíno, Felipe Zepeda, Caro Quito.

DISEÑO: Catalina Devia

ASISTENCIA DE DISEÑO Y OPERACIÓN: Nicolás Jofré.

ILUMINACIÓN: Andrés Poirot

MÚSICA: José Miguel Miranda

REALIZACIÓN: Rodrigo Iturra

PRODUCCIÓN: Francisca Babul

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Las entrevistas de Interdram 2020, cuentan con el apoyo de Fondart Nacional, línea Difusión, convocatoria 2020. Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio. Chile.

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