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Recuerdos incompletos de un reloj

de Cristián Ruiz

Libro físico a la venta en: https://www.rileditores.com/catlogo-ril02/js24ozqn34/Recuerdos-incompletos-de-un-reloj

El texto a continuación es un extracto de la obra. 

Recuerdos incompletos de un reloj, está protegida por derecho de autor, inscrita en el Registro de Propiedad Intelectual de Chile. 

RESEÑA

Recuerdos incompletos de un reloj puede ser interpretada desde dos visiones: la ficción de una confrontación pendiente pero desfasada en el tiempo/espacio entre una hija y su padre asesino; o, por otro lado, entre la hija de un asesino y la familia de una víctima de ese asesino, esta vez en un mismo tiempo/espacio. 

EXTRACTO

 

 

Hasta ese momento entre él y yo solo habían miles de kilómetros de distancia, un montón de años olvidados y este viejo reloj.

 

  • Nunca dejó de enviar dinero -dijo con cara de reflexiva – Y no es por defenderlo. Pero sabes que no puedo aguantar ni un par de horas en avión, por las rodillas… lo que pide necesita de energía, y solo pide una cosa, que vayas tú.

  • No voy a ir y punto.

  • Tanto odio por Dios.

  • Voy al colegio a dejar la lonchera. 

  • No tienes que ir al colegio, deja que el Manu resuelva esto.

  • ¡Tiene siete años mamá! Quizás no se acuerda lo que hicieron el lunes pasado.

  • Casandra -cuando me dice Casandra me despierta ciertas cosas aquí- deja que el Manu resuelva, sabe manejar su computador, andar en bici y revisar tu cartera sin que te des cuenta ¿Cómo no va resolver su almuerzo en el colegio?

  • Si me apuro alcanzo.

  • No vayas. Lo que debes hacer ahora es preparar tu maleta, el avión parte hoy en la noche.

  • Tengo una audición, una muy importante, una que podría cambiar mi trayectoria. 

  • Ya.

  • ¿Qué significa ese “ya”?- le respondí con rabia porque sabía perfectamente lo que quería decir ese “ya”.

 

Una trayectoria es una ruta, un camino, una huella, el testimonio de un recorrido.

 

  • Tu audición, esa importante, es en dos semanas… puedes prepararla en el viaje. Aquí está el pasaje, está a tu nombre… y este sobre también tiene tu nombre.

  • ¿Y que hago con el Manu?

  • El Manu va estar bien. Puedes estudiar en el avión para tu audición.

  • Son tres vuelos y  dos escalas con cambio de avión cada una.

  • Voy a llamar al encargado del casino- dijo para empezar a marcar en su teléfono, y ahí mismito volvería a perderla. Mamá puede perderse en su teléfono horas: las amigas, las preguntas al consultorio, el club de yoga, todo cabe, todo sirve.

 

Me dijo- Anda- como estando segura que yo seguiría negando.

 

  • Espera… corta por favor… ¿Qué secreto te contó el Manu?

  • Le gusta una niña, pero es su secreto de hombre, se supone que no puedes saber… 

 

Los secretos de los hombres son murallas. Y los de las mujeres son innumerables túneles subterráneos.

 

Casi dos semanas después estoy aquí, en esta esquina, congelada por un secreto de hombre.  Paran taxis, debe ser por la maleta.

“No gracias” ya viajé, estoy de vuelta

 

2.- Desaparecer de a poco

 

No sé si es que tengo el cuerpo cortado por el viaje, por la espera o por el frío. Creo que tengo mal olor. ¿O es esta esquina? Quisiera desaparecer de a poco. Ser invisible. O Por lo menos ser imperceptible para estas personas madrugadoras que pasan y de seguro perciben mi mal olor.

 

Cuando aterrizamos en Atenas tenía muy claro lo que iba decirte.

 

  • Años sin saber ni una palabra de usted y de la nada envía una carta desde Grecia. ¡Nada menos que desde Grecia!  Esta carta es la que huele a mierda.

Necesito me disculpes por desaparecer. Por el abandono. Por haberme perdido tus caricias y tus regalos del día del padre. Eso quería que me dijeras.

  • Lo siento señor, tengo una audición esperándome a mi regreso allá en el país largo y delgado donde me dejó botadísima hace veintisiete años atrás, con un letrero invisible en la espalda que todos leían en silencio.

Tenía planeada una pequeña conversación antes de que desaparecieras.

  • Así como Clitemnestra aprendió a vivir con el asesinato de su hija y la partida de su esposo, así aprendí yo a vivir sin ti. No me bastaron tus cartas. No las respondí por lo mismo y me refugié tras eternos ensayos para hacerme la desentendida.

  • La muerte se acordó de mí y veo a mi alrededor mujeres vestidas de negro como Gorgonas. “¡Van vestidas de negro y enmarañadas en múltiples serpientes!” - imaginé que dirías algo así. Que me hablarías desde el mundo griego.

  • Serán sus culpas que no lo dejan irse en paz- te hubiese respondido. ¿Acaso las hijas de los fachos no tenemos derecho a ser actrices?

  • El abogado no entendía nada. 

  • Es que en Chile parece que solo puedes ser artista si eres de izquierda.

  • El abogado me mira como si le hablara en chino mandarín.

  • El problema es que tú no eras solo un facho más. El día de tu cumpleaños siempre andaba rara, con ganas de comprar un regalo y con ganas de que nunca hubieses sido quien fuiste. Odié tus fotos. Y mientras leía tu carta, también odié a tus jefes. En un momento de mi joven adultez algunos empezaron a caer, lo que al fin y al cabo te daba la razón, ya nadie podría juzgarte. Hoy, solo algunos se pudren en la cárcel, otros se “enferman” antes ser juzgados y otros, como tú, siguen honrando un acuerdo en vidas pequeñas en el extranjero. Desapareciste de a poco del ojo del huracán. 

Quisiera armar una buena excusa para golpear esa puerta y desaparecer tras ella. De a poco yo también quisiera desaparecer de esta esquina, pero no puedo, mis pies no avanzan. 

  • Por la cresta, no puedo moverme!-

  • Necesita algo?- me pregunta un joven

  • Nada- le respondo ¿Cómo explicarle que solo necesitaba caminar hacia esa puerta?

 


 

3.- Nunca quise que fueras mi papá

 

  • No, ya no vive aquí.

  • ¿Y nos puede dar algunas coordenadas para poder encontrarlo? – le preguntaban de la fiscalía a la mamá.

  • Él posee información muy valiosa. Los familiares agradecerían cualquier ayuda que pueda darnos – Suplicaban los abogados de los familiares de las víctimas porque sabían que tu no soltarías tus recuerdos… prometiste no hacerlo.

  • No, lo siento. Imagínese que nosotras le perdimos la pista hace años. Oiga, le doy un consejo: olvídense. Capaz que hasta esté muerto. – respondía mi mamá y colgaba el teléfono- Solo hizo su trabajo.

 

Y como además pactaste ese Pacto de Silencio, no te quedó otra que salir rápido del país, y quedamos solas.

Ella no fue la más santa, tenía tejado de vidrio como todos ustedes. Pero antes que todo, era mamá. Y siempre escondió su miedo a que la justicia también pusiera los ojos en ella. Fue una mamá que se equivocó mucho, pero aprendió de sus errores.

Fue una mamá con poca paciencia, pero más sacrificada y trabajadora que

muchas mamás de izquierda. Y también te odié por eso.

Fue una mamá que se arrugaba más rápido que las otras mamás. Pero mucho

más madrugadora que todas esas mamás humildes y pobres que hacían marchas.

Fue una mamá que se teñía el pelo, que no sabía maquillarse y que se le manchó

la piel cuando las otras mamás tenían una piel bonita, pero nunca se enfermaba.

Fue una mamá que ponía cara de papá cuando había que poner el hombro,

ponía cara de mujer aplicada en su trabajo y ponía cara de cocinera creativa los domingos, porque tenía que serlo no más. ¿Y te fuiste porque solo era tu trabajo?

Y yo no quería odiarte porque habías huido. Yo quería odiarte por otras cosas.

Hasta que un día me confesé a mí misma:

  • ¡Nunca quise que fueras mi papá!

Odié a todos mis pololos que empezaban a ser mis padres cuando se enteraban

que me faltaste.

Odié a mis amigos cuando se alejaban de mí al momento de enterarse de quien

fuiste.

Odié a mis vecinos la primera vez que tuvimos que cambiarnos de barrio porque no había septiembre que no nos tiraran piedras al techo. Y más de una vez odié a los abogados de derechos humanos, porque sin ellos habrías estado siempre a mi lado.

Odié a todos los familiares de los desaparecidos que publicaban tu nombre una y

otra vez en esas listas de personas odiables, espacios de memoria inservibles jurídicamente pero de escarnio público y burla para nosotras, si es que lograban relacionarnos a tu nombre, que  figuraba junto a otros nombres odiables.

Odié a mi mamá por no hacer este viaje. Y también la odié por obligarme a ir.

Y como te fuiste antes de que llegara, frente a tu lecho me puse a estudiar:

“No creo que indigna haya sido su muerte.

¿No causó ése a esta casa una desgracia mediante un engaño?

Pero trató indignamente a la flor que me había brotado de él,

a mi Ifigenia muy llorada, y ha sufrido su merecido”

 

Dices: solo fue mi trabajo. ¿No existía acaso otra forma de sobrevivir viejo de mierda?

Te odié por usar lentes oscuros.

 

4.- Un reloj

 

Ella amaba tus lentes oscuros.

¿Y si mamá hubiese sido menos orgullosa? Más dócil tal vez. Quizás nos hubiésemos ido juntos. Los tres.

¿Qué tenía de malo ella? ¿Qué tenía de malo yo? Solo tenía trece años cuando me abrazaste y noté que no llevabas el reloj.  Saliste por la puerta de nuestra casa y te metiste en el taxi que esperaba afuera, una sola maleta. ¿No podías llevarnos contigo viejo de mierda?

 

  • ¿Perdón señorita? ¿Cómo me dijo? – me pregunta un caballero de edad.

  • No es con usted – Es con mi papá que se le ocurrió hacer su trabajo, huir, desaparecer una eternidad y luego mandarme una carta para pedir ayuda para morirse sin pedir disculpas.

 

5.- La música de los corazones

 

  • Ahora, algunos secretos quedarán sellados por siempre en ese corazón. 

No tengo mas palabras de consuelo para nadie. 

No tengo explicaciones ni para mí ni para mi hijo, pero no le puedo mostrar esta carta.

 

  • Disculpe, no quiero parecer indolente. – me susurra  el abogado - Es un buen momento para empezar a revisar los permisos, los papeles, todo. – lo miro-   Las gestiones son demandantes y el tiempo corre- el abogado está a miles de kilómetros dentro de la habitación.- 

Todos los corazones laten diferente. El del Manu por ejemplo, cuando está emocionado por algo es un montón de tambores africanos en alerta de guerra, y cuando por fin duerme es galope de potrillo. El de la Mamá es una máquina de coser a pedal. 

El mío debe ser una mezcla de todo eso.

Y ya nunca podrás emocionarte ni con el galope de un potrillo ni con el llamado de una tribu africana. – Le quise decir, pero no le dije nada porque ya no me escuchaba.

Créditos

Recuerdos incompletos de un reloj, fue estrenada en Teatro Camilo Henríquez en Julio del 2019 con la dirección de Coca Duarte, Interpretación de Nathalie Nicloux, Diseño Integral de Natalia Morales, Universo Sonoro de Tomás Gonzalez y Producción a cargo de Bastián Panadés. 

Esta obra formó parte de la Rebelión de Las Voces 2018 y fue seleccionada por un jurado para su publicación en Ril editores.

Para contactar al autor, escríbenos.

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Las entrevistas de Interdram 2020, cuentan con el apoyo de Fondart Nacional, línea Difusión, convocatoria 2020. Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio. Chile.

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