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EDUARDO LUNA

Actualizado: 26 may 2020

Entrevista por Mauricio Fuentes para Interdram.

03 de enero 2020.

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“Crecí viendo a los Mapuche como a una especie de primos, un tanto cercanos y un tanto lejanos, también. Compartes con ellas/os, sin embargo, la sociedad winka te obliga a pensarte distinto. Esa diferencia impuesta, fue la que desde niño me motivó a acercarme”.


Eduardo Luna. Créditos fotografía Sebastián Utreras.

Me junté con Eduardo Luna un par de meses antes del estallido de octubre. Fuimos a una sala pequeña del instituto donde había estado haciendo clases, justo antes de nuestro encuentro. Nuestra conversación duró más de una hora. Para mí fue como estar en una verdadera clase maestra sobre el arte de hacer teatro, a través de la experiencia de Eduardo y su compañía Lafamiliateatro. Eduardo se transforma cuando habla de su oficio, su discurso no tiene grietas. Meses antes había ido a ver “Painecur”, montaje del cual salí impactado, no solo por la calidad indiscutible del espectáculo, desde todos los ángulos: texto, actuaciones, puesta en escena. Impactado, también, por la mística que genera este montaje, donde el autor-director desaparece o se oculta para darle vida propia y plenitud a la obra. La mística de la puesta en escena se completa, además, porque trata un tema tabú para los chilenos: “Painecur” llena esos espacios de silencio o vacío, que nuestra cultura identitaria ha creado, les da sentido e intenta llenarlos. La entrevista final vino después del estallido. Nos costó porque todos estábamos alarmados y movilizados, hasta que pudimos sacarla a la luz y valió mucho la pena.

Cuéntanos un poco de tu evolución como dramaturgo en La Familia Teatro, desde que escribían los textos de manera colectiva hasta que tomas las riendas de los textos dramáticos.


Nuestra primera obra “La Condena” (2004), la comenzamos a trabajar un año antes de su estreno, cuando recién estábamos cursando 2do año de carrera en la Universidad de Chile, por lo tanto, los recursos dramatúrgicos con los que contábamos eran escasos. Conscientes de nuestras limitaciones, nos embarcamos en un proceso que incluyó un largo tiempo de improvisaciones. Como los recursos tecnológicos en el año 2003 no eran los mismos con los que contamos hoy, dos compañeras registraban absolutamente todo lo que decíamos. Luego de cada ensayo, nos dedicábamos a ordenar y fijar el texto. Ese fue un proceso donde nos acompañó la intuición, ese elemento misterioso que aún nos sigue acompañando.

Dada la naturaleza del origen del texto (a través de improvisaciones), abrazamos la idea de que esas palabras que surgían espontáneamente, para luego convertirse en palabras puestas en una hoja de word, tendrían mayor organicidad al momento de ser dichas en el escenario. Al respecto, tras el estreno, incluso escribimos un manifiesto metodológico que intentaba ordenar paso a paso todo el proceso (estábamos tan chochos con nuestra creación que creíamos haber descubierto una metodología que en realidad muchos ya habían experimentado).

Al año siguiente del estreno de “La Condena”, yo estaba fascinado con Friedrich Schiller, así que le propuse al grupo una adaptación de “María Estuardo”. Ese era el año de nuestro egreso y además con “La Condena” girando, el tiempo que podíamos dedicarle a la creación no era el mismo que para la obra anterior, por lo tanto, teníamos claridad de que este nuevo proceso debía variar en su metodología de trabajo. Coincidentemente ese año sufrí una parálisis facial (sufro de trastornos autoinmunes desde los 15 años) que me alejó de la escuela de teatro durante dos meses. La parálisis fue la excusa perfecta para generar una pausa en todo lo que estábamos haciendo y de esta manera detenerme y enfocarme tan solo en escribir la obra. Desde entonces escribo para Lafamiliateatro, sin embargo, el sedimento del proceso anterior, participativo, colectivo y pensado para la escena, es una característica que nos acompaña hasta hoy, constituyendo uno de los principios fundamentales del teatro que hacemos.



Tu escritura ha tenido una evolución: Has pasado de escribir textos que según tú tenían una tendencia a ser muy experimentales y algo crípticos, a los más recientes que tienen en sus formas un discurso más directo. ¿Te sientes hoy más comprometido con un discurso que tiene la necesidad de llegar de manera más inmediata al público? ¿Existen otras razones?


Creo que, en la primera etapa de escritura (2004 al 2008), que incluye cuatro obras, intentaba aceptar que me dolía vivir, por lo mismo, la muerte (particularmente el suicidio) estaba presente de manera insistente. Luego en una segunda etapa (2009 al 2012), que incluye tres obras, ya habiendo aceptado que me dolía vivir, intentaba explicarme por qué me dolía vivir. Esta segunda etapa probablemente es la más críptica, porque me sedujo la idea de Jacques Lacan sobre la prisión del lenguaje. En ese momento consideraba que cada uno de sus seminarios (porque no publicó textos, sino que se publicaron sus seminarios), otorgaban las claves para entender nuestra constitución como sujetos (y por supuesto para entender el dolor). Leer a Lacan no es fácil, por lo mismo tenía la intención de traducir teatralmente sus teorías, pero el resultado no dejaba de ser académico, en el sentido de que había mucho que interpretar.

En la etapa actual (2014 hasta hoy), luego de haberme explicado los “por qué” de la etapa anterior, estoy intentando generar propuestas desde y para una sociedad a la que le cuesta reconocer su miseria y sus contradicciones. No por decir lo que acabo de decir, quiero expresar que soy otro dramaturgo o que he abandonado mi propia sensación de dolor o de quiebre. Precisamente, el psicoanálisis (o Lacan) no enseña a superar el dolor o los quiebres, sino a identificarlos y a vivir con ellos. Por lo mismo, ahora mis personajes poseen una dimensión profundamente dolorosa y compleja, pero sin escindirse de su lugar en la sociedad.

Por otro lado, en mis etapas anteriores trabajaba mucho más con las palabras que con la arquitectura de la obra. Creo que paulatinamente he ido aprendiendo a combinar de mejor manera ambos elementos, incidiendo notoriamente en el cómo se perciben las obras.