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FLAVIA RADRIGÁN

Actualizado: 23 jun 2022

Entrevista por Mauricio Fuentes, para Interdram.

17 de julio de 2020.

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“Cuando la palabra marca ciertas necesidades debe estar confrontado con el espacio, para mí ese es un choque necesario, quebrar el espacio a gritos corporales. Eso me ayuda a salir del código uterino e íntimo para poder llegar a la universalidad que necesito”.




Flavia Radrigán.



A Flavia Radrigán la conocí hace más de quince años, cuando éramos parte de ADN (Asociación de Dramaturgos Nacionales) y también gracias a su padre Juan Radrigán. Yo en esa época tenía un programa en Radio Tierra, llamado Revolviendo el gallinero, que trataba sobre artes escénicas y cine. Padre e hija fueron invitados, por separado. El día que fui visitado por Flavia, conversamos en una muy cálida atmósfera, al ritmo de temas de Cole Porter y Jacques Brel. Con Flavia la conversación fluye muy fácilmente, porque cuando la escucho hablar, es como si estuviera conversando con algún familiar paterno. Hace poco tuvimos nuestra charla por internet y, mágicamente, a pesar de la distancia y el medio tecnológico, partimos conversando de teatro hasta terminar hablando de cualquier cosa (siempre relevante). No solo la oralidad me acerca a Flavia, también su discurso y conciencia social.

¿Qué te motivó a hacer una versión de El rey Lear (King Lear), de William Shakespeare? ¿Qué temas de la obra original aparecen, se transformaron o difieren en tu propuesta personal: Lear, el rey y su doble?


La escribí porque me pidieron una adaptación de la obra, por diversos motivos el proyecto no llego a puerto y me quedé con un material, que a mi parecer era sustentable y seguí trabajándolo. Mi empecinamiento en terminarlo surge de las conversaciones con mi padre cuando este estaba escribiendo La Tempestad y debatíamos sobre las obras de Shakespeare.

La obra la construí sobre la base de El rey Lear y su obsesión por quebrantar el destino. Por subvertir los fantasmas del abandono y sus contradicciones frente al hombre y el poder.