LUCÍA DE LA MAZA

Entrevista por Mauricio Arturo Fuentes, para Interdram.

06 de noviembre de 2020.


“Soy una autora que edita, así como soy una escritora que a veces dirige. Eso del amor al

arte, en mi caso es absoluto, por eso no me quedo con ser solo la dramaturga. He

aprendido que el estado en el que se entra cuando se vive creativamente es algo parecido

a la felicidad”.



Conocí a Lucía de la Maza escribiendo teatro en un taller en el Centro Cultural de España. Luego, me la encontré siempre como dramaturga, pero también como actriz, directora, gestora y editora de textos de teatro. Podríamos decir que Lucía de la Maza es una animal(a) de teatro. Me la imagino haciendo teatro, en cualquiera de estas áreas, hasta el día de su muerte. Hoy, Lucía vive en España, específicamente en Barcelona, y no para. Acaba de terminar un posgrado en Cooperación Cultural Internacional (Gestión). Como somos de la misma generación, tenemos muchas cosas en común, como el autoexilio, pero también muchas diferencias: por eso nuestra conversación fue muy rica y dinámica. Además, viviendo en el extranjero, los chilenos solemos dejar todas nuestras trabas provincianas atrás. Trabas que el Estallido Social vino a cuestionar y a derribar: esperemos que perdure. Acá les dejo con una referente del teatro chileno en el mundo, con una carrera a pulso, que va dejando un legado y huella que podemos reconocer en esta entrevista.


Una de las consignas del Estallido Social ha sido “(Ya) No tenemos miedo”. Incluso, esta

frase aparece en una canción de tipo protesta de Mon Laferte. Se ha hablado mucho

sobre el miedo y la sociedad chilena. Muchos sociólogos e historiadores afirman que el

miedo atraviesa a toda la población, debido a los diferentes traumas basados en crisis

sociales (Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique, Dictadura de Pinochet, etc.) o

incluso a problemas geográficos, como los terremotos. Si esta hipótesis es verdadera y

todos los chilenos sufrimos de miedo, ¿cómo funciona el miedo en Lucía de la Maza, a la

hora de escribir? ¿Ficcionalizas cosas que en la vida real no serías capaz de hacer o decir?

¿Haces catarsis?


No tengo dudas de que el miedo se hace presente en mi escritura, sin embargo, creo que

el deseo gana esa batalla en el momento de la iluminación creativa, y siendo opuestos

(uno paralizante, otro movilizador), prefiero pensar que escribir mantiene mi miedo a

raya. El miedo ha sido un tópico en mi niñez y adolescencia, que se tradujo en los hechos

en mi timidez, con la que de adulta ya supe lidiar. La creación fue parte de esa forma de

lidiar con el miedo de saber quién soy, en la escritura pude dejar ir el pánico que me daba

relacionarme con un mundo en el que me sentía ajena. La escritura siendo escolar me

alentó a atreverme a romper los límites de mis propios estereotipos y eso fue abriendo

puertas, una tras otra, de manera sutil al principio, hasta que el teatro me abrió el portón

a lo que me lanzaría en forma definitiva como adulta.


¿Qué valor tiene llevar un texto dramático a un libro? Cuéntanos, además, sobre tu

experiencia como editora y directora de diferentes editoriales que publican o han

publicado teatro.


Soy una autora que edita, así como soy una escritora que a veces dirige. Eso del amor al

arte, en mi caso es absoluto, por eso no me quedo con ser solo la dramaturga. He

aprendido que el estado en el que se entra cuando se vive creativamente es algo parecido

a la felicidad.

Respecto a mi lado como editora de teatro, puedo contarte que desde el principio tuve

obras antologadas en México, Argentina, España. Cuando estuve de Coordinadora del

Área Teatro (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes), junto a mi equipo nos la jugamos

porque la Muestra Nacional de Dramaturgia, así como los talleres del Royal Court Theatre

de Londres, terminaran con la publicación de los textos seleccionados en formato libro.

Luego cooperé con algunas editoriales, y llega un momento en que decido hacer mi propio

proyecto editorial, y como todo lo que hago, de una manera poco convencional. Edito dos

obras, para empezar, mías, sin ningún pudor, abriendo una editorial (Thea, teatro para

leer), que pudiera enfocarse en dramaturgia de mujeres. Theateatro se ha transformado

en una plataforma para realizar mis proyectos con una libertad que no me da ninguna otra

instancia. Si bien la edición ahora está en pausa -y podría estarlo sin problema por 10 años

más- estoy realizando actividades como #YoTuveUnTallerOnline y #DandoCátedra, un

taller abierto de escritura y una conversación distendida sobre el teatro, en formatos nada

convencionales, que se transmiten por YouTube y se difunden en las redes sociales de

Theateatro. Es gracias a Thea que he encontrado el punto en común entre el ser autora

teatral y el ser gestora de proyectos teatrales. Ya que tengo cómplices que me acompañan

como Hugo y Daniela, ambos dramaturgos casualmente de apellido Contreras, como el

segundo apellido de mi abuelo paterno. Ellos son en este momento mi familia teatral.


Tú tienes una larga trayectoria en gestión cultural, en específico, en el área teatro. En

Chile, la gente del mundo del arte se queja por el centralismo en la producción y en el

desarrollo de las artes y la cultura, como también por la poca entrega de recursos y la

manera poco democrática de repartirlos. La pandemia tendrá un fin, pero el mundo ya no

será el mismo. ¿Cuáles son las prioridades y desafíos, a nivel de gestión, para el desarrollo

de las artes y la cultura pospandemia? ¿Siguen siendo los mismos?


Trabajar en la administración pública me abrió los ojos al mostrarme un sector cultural

que desconocía, aunque me consideraba parte. Lo que llamamos “el teatro chileno” es

mucho más que lo que ocurre en Santiago, o en las tres comunas donde están

concentradas la mayoría de las salas de teatro y donde más se visibilizan las compañías y

sus proyectos. También lo conforman los grupos que no estudiaron en la universidad,

personas que hacen teatro en poblaciones, en cárceles, en colegios, encuentros

comunitarios, grupos conformados por migrantes, mujeres, jóvenes, en todo el país. Las

capitales regionales son clave, pero hay mucho tejido escénico que queda fuera de las

consideraciones del entorno que aparece con gran visibilidad en festivales y medios de

comunicación. Desde que trabajé en CNCA hasta hoy la mirada institucional de apoyo al

sector escénico se ha ido ampliando, y eso me alegra, especialmente cuando

consideramos dentro del teatro chileno no sólo a las obras, sino también a todo el

entramado que conforman los oficios, las redes de cooperación, los soportes invisibles

que permiten que la obra se realice, desde productores, pasando por los escenotécnicos,

docentes, actores, dramaturgos, directores, gestores de espacios y medios de difusión

(festivales, medios de comunicación). La labor de los comunicadores es muy relevante

pues nos apoyan en esto de transmitir que la experiencia cultural mejora la calidad de vida

de las personas, además de contribuir a la economía, por los puestos de trabajo que

genera. El cambio que produjo la pandemia es a todo nivel. Así como estamos pensando

nuevamente cómo se consume, cómo nos relacionamos con los otros, creo que se deben

pensar también estructuras de nuestro teatro, que tampoco pueden ser como antes:

festivales, salas, recursos, cadenas productivas de valor.


El teatro posdramático parece que ha venido marcando la vanguardia dentro de las

tendencias de las artes escénicas: La utilización de nuevos medios, la performance, el

biodrama, el uso de objetos, etc. Durante la pandemia, muchos de los artistas que venían

desarrollando estas técnicas y estéticas, se pudieron adaptar más fácilmente, traspasando

sus trabajos al formato Streaming. Más allá de si a través del Streaming se hace teatro o

no, o es un medio que utiliza recursos del teatro, pero en un formato híbrido, ¿qué crees

que va a perdurar de estas nuevas formas de expresión? ¿Crees que nacerán nuevas,

nombradas de distinta manera, como géneros bastardos del teatro?


Mirando la situación actual, veo positivo que se amplie el alcance de la disciplina, y

considere la virtualidad como un soporte más amplio que la difusión. Explorar ese ámbito

ha sido el regalo de la pandemia. Creo que la hibridez será el fundamento del teatro

futuro (que ya es el presente). Propuestas mixtas, donde haya espacio para que a través

de la virtualidad se siga rompiendo la barrera de acceso que supuso el teatro en pantallas,

pero que recupere la presencialidad como una instancia valiosa por lo que estaremos

dispuestos a pagar, en un mundo donde la ceremonia y el rito está en peligro de extinción.

Cuando abrieron en julio los teatros en España, asistí a la obra “Covid-451” de Sergio

Blanco en el Teatre lliure, a pesar de que habíamos un tercio del aforo y con mascarilla, la

emoción fue colectiva, reconocimos que estábamos compartiendo un espacio que la

pandemia nos había negado y al terminar aplaudimos la obra, pero también nos

aplaudimos entre nosotros como cierre de un rito, para poder salir y regresar a nuestras

casas reconociendo que fuimos parte de él. Esa magia y emoción solo lo dan la

presencialidad y el espacio que compartimos, en la escena y en las butacas. Mientras eso

exista, aunque sea como una utopía, seguirá vivo el teatro.


En tu obra La metáfora del agua, agarras el tema de la crisis del agua y las sequías en la

zona central de Chile. Los problemas medioambientales tienen larga data, pero parece

que recientemente la poblacion está tomando conciencia. ¿Podemos sensibilizar sobre la

crisis medioambiental a través del teatro? ¿Cuál fue tu experiencia con La metáfora del

agua?


La metáfora del agua, la escribo tras recibir una invitación de Guillermo Heras para

participar del ciclo de lecturas dramatizadas Planeta Vulnerable, Teatro Ecológico del Siglo

XXI, organizado por Lanzambiental y apoyado por el INAEM (Instituto Nacional de las Artes

Escénicas y de la Música) en Madrid, que se realizó en noviembre de 2019. Recibí el

encargo como quién le piden escribir sobre un tema cualquiera que no conoce, y me puse

a investigar. Di muchas vueltas en torno a la temática medioambiental a desarrollar, hasta

que me quedé con la sequía en Petorca, con las consecuencias de la extracción del agua

subterránea por parte de los monocultivos de palta y la extracción del agua de la minería

en la cordillera. Entré al tema de los derechos del agua, la protesta de la población y

dirigentes, que veían morir sus animales y que no tienen acceso al agua más que a través

de camiones algibe. Los pozos secos, antiguos vergeles convertidos en un paisaje

desierto… una situación tan dolorosa que tenía cerca y no veía. Atravieso también la

persecución que tienen los dirigentes medioambientales, que es igual que la que se hace

de dirigentes sociales por motivos políticos. Y eso en toda Latinoamérica. Me agarré de la

noticia de un cabrero que en la zona de Petorca, al ver morir a sus cabras se fue al monte

y se suicidó. Al intentar entender sus motivos, pude ver la historia que quería contar. Una

pareja, recién llegados, que están en el bando contrario y empiezan a darse cuenta,

ayudados por una dirigente del agua de la zona, que el paraíso tropical de las paltas es en

realidad una condena para los locales. Y termina mal, claro. Pero como el comienzo de

otra cosa, con más fuerza, como las tragedias. Este ejercicio de escritura sin duda abrió

mis ojos en torno al tema medioambiental, y mi rol como docente, creadora y gestora de

proyectos.


Tú has vivido en distintos periodos de tu vida en España, en específico, en Barcelona.

Poco después del Estallido Social, volviste a esa tierra donde nació tu hija. Cuando uno se

autoexilia y se continúa escribiendo teatro: ¿De qué se habla? ¿Cómo se habla? ¿Para

donde dirigimos nuestro discurso? ¿Se sigue pensando, a la hora de escribir, en el país que

dejamos atrás?


Me considero una exiliada voluntaria, con carácter de refugiada en España,

específicamente en Cataluña que hace años me dio una mano (viví cinco años en los que

estudié y me establecí) y una hija que ahora me trae de vuelta. Regreso después de 10

años de estar en Chile. Antes del Estallido ya había decidido que quería volver y

finalmente llegué en diciembre del 2019. Acá estudié un postgrado en Cooperación

Cultural Internacional, mientras me establecía. Nos pilló la pandemia y fue como cuando

al volver a Chile el 2010 nos pilló el terremoto. Agradezco haber visto de cerca el Estallido,

haber recorrido las calles de Santiago dándome cuenta de que nada podía ser como antes,

que las razones que me llevaron a decidir irme de Chile podían cambiar, me fui llena de

esperanza. Desde aquí, pude ir a votar con una emoción difícil de describir, para cambiar

la constitución. Más allá de eso, creo que me queda ser espectadora de las luchas de mi

país en Chile. Las sigo desde el relato de mis amigos y amigas, desde las noticias, los

programas periodísticos que sigo semana a semana. Pienso en que quiero escribir sobre

eso, pero no lo he hecho aún. Sobre esa distancia. Tuve la oportunidad de ver la obra

Medium de Omar Morán que hablaba de cómo vieron el estallido algunos chilenos que

estaban acá, y me emocioné mucho al pensar de que yo ahora entraba en esa categoría,

de observadora, aunque con el corazón partido. La pandemia ha hecho un abismo entre

Chile y España. A diferencia de mi estancia anterior, no sé cuándo voy a ir a ver a mi

familia. Tampoco sabemos si podrán venir a vernos. Eso es lo único que me pone triste.

Pero no extraño la cordillera o la marraqueta como la primera vez que me vine. La

circunstancia es totalmente distinta, y tengo 15 años más, que ese 12 de octubre de 2005

en que quemé mis naves la primera vez. Y no tiene por qué ser ésta la última.


LEER EXTRACTO DE


"EL RECURSO DRAMÁTICO"




Las entrevistas de Interdram 2020, cuentan con el apoyo de Fondart Nacional, línea Difusión, convocatoria 2020. Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio. Chile.



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