MÓNICA DROUILLY

Actualizado: nov 2

Entrevista por Mauricio Arturo Fuentes, para Interdram.

21 de septiembre de 2020.


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"...mucho tiempo sentí que no contaba con las credenciales necesarias para escribir,

(...) como si al titularme de ingeniera me hubiesen clausurado una parte del cerebro. Eso era muy desagradable. Andaba con síndrome del impostor todo el tiempo. Se me pasó

escribiendo".


Mónica Drouilly por Sebastián Utreras.


Cuando leo las obras de Mónica Drouilly, no dejo de recordar los festivales de dramaturgia europea contemporánea, que se realizaban en el Centro Cultural Goethe, hasta casi una década atrás. Recuerdo, en especial, un texto que me impresionó mucho, por lo novedoso en sus formas y contenidos: King, de Michel Vinaver: un francés de origen ruso, que se dedicó a las finanzas y hoy es un dramaturgo consagrado. Mónica comenzó con la narrativa, luego se atrevió con la dramaturgia e incluso, ha incursionado en la dramaturgia para niñes (al igual que Vinaver).
Drouilly es ingeniera civil y también escritora, mezcla inusual en Chile, pero sí en otras partes del mundo. Drouilly viene a romper estereotipos locales y a diversificar la escena teatral con una mirada, que, al darse una gran vuelta por Europa (es apasionada por las nuevas autorías europeas), hace un enfoque poco habitual sobre nuestra sociedad. Drouilly es necesaria, tiene talento, comenzó hace poco a escribir teatro y ya ha ganado festivales importantes. ¡A prepararse!


Tú vienes del mundo de las matemáticas, eres ingeniera civil, sin embargo, en algún momento decidiste ser escritora, como si tu otra parte del cerebro se desarrollara de manera integral. ¿Cómo se fue dando ese proceso?


Fue un proceso paulatino. Mi universidad tenía una biblioteca estupenda y el año que entré a primero vino el boom de la banda ancha, tenía todo a mano, no iba a permitir que una malla curricular se interpusiera en mi educación. En paralelo a Ingeniería Civil estudié Licenciatura en Estética, me especialicé en literatura y pasé años metida de oyente en Letras. No es que un día de 2016 despertara pensando “ya, desde hoy soy escritora”. Lo que cambió fue la percepción que yo misma tenía en torno a mi relación con los bienes simbólicos y culturales. Por mucho tiempo sentí que no contaba con las credenciales necesarias para escribir, lo que fue una soberana estupidez de mi parte. También estaba esa especie de sospecha que generaba mi interés por la literatura y el teatro, como si al titularme de ingeniera me hubiesen clausurado una parte del cerebro. Eso era muy desagradable. Andaba con síndrome del impostor todo el tiempo. Se me pasó escribiendo. Primero intenté escribir teatro, después pasé a la narrativa, creo que ahí encontré una voz, y de vuelta ahora al teatro, que parece que es donde siempre quise estar.




Portada del libro de cuentos, Retrovisor de Mónica Drouilly.



De la narrativa diste un salto bastante rápido a la dramaturgia, cuando ganaste la Muestra de Dramaturgia Nacional, el año 2017 con la obra Querido John: Take a chance on me. ¿Cómo fue vivir esa experiencia y en qué cambió tu vida en general y tu oficio como escritora?


Muy bonita esa experiencia. Fue movido, en términos de escritura, ese año. El primer semestre publiqué Retrovisor, después, tuve el privilegio de participar del Laboratorio que se llevó a cabo ese mismo año antes de la Muestra en la Región de la Araucanía. Ahí pasé de tener una idea sobre una mujer que le escribía mails a un jefe lejano a, efectivamente, escribir la obra, recibir feedback, probar, corregir, escuchar el texto en las voces de otros. Esto no es algo que se de tan habitualmente en narrativa, que era lo que más conocía en ese momento. El año siguiente, pude ver una lectura dramatizada de la obra hecha por La otra zapatilla en Concepción y el montaje en Santiago dirigido por Luis Ureta. Es un lujo poder ver dos interpretaciones distintas de un mismo texto, disfruté mucho de eso. Al mismo tiempo, gracias al montaje de la obra se hizo más visible mi trabajo, así pude conocer a las personas con la que trabajo actualmente. En ese sentido, la Muestra supone un punto de inflexión en mi oficio como escritora: paso de escribir sola en la casa a escribir en un diálogo constante, ya sea con un director o un equipo de trabajo. Es un cambio que me ha resultado muy provechoso para poner a prueba las formas y las ideas.





Registro de la Muestra Nacional de Dramaturgia XVIII, en escena las actrices Camila González Brito, Josefina Fiebelkorn y Geraldine Nearly (en orden de la última foto) en Querido John, take a chance on me.


Tú trabajas en el mundo financiero, de alguna manera nos puedes hablar con toda autoridad, a través de tus obras, sobre cómo funciona el capitalismo a la chilena. ¿Sientes que tienes la responsabilidad de contarnos cómo es ese mundo desde dentro? ¿Te sientes un “bicho raro” inmerso en el medio teatral o simplemente como alguien que viene a aportar con otro punto de vista y a diversificar la escena?


No creo tener la responsabilidad de contar ese mundo. Es indudable que al estar más cerca tengo otras herramientas para conflictuar los temas o para desarrollar personajes multidimensionales. Esto es algo que quise abordar en Querido John y que, en cierta medida, sigo explorando en este momento con Newsroom of the future, la obra que estoy trabajando junto a Nelson Valenzuela Cárdenas y Drama Club (aun sin fecha de estreno por covid). Me interesa mucho indagar en la relación que existe entre la identidad y el mundo laboral y sí, mi experiencia suele diferenciarse de la mayoría de las personas que trabajan en teatro. Ahora, si me siento o no un “bicho raro”, te diría que justo este año no. Estoy trabajando en paralelo en tres proyectos teatrales de los cuales dos son de mi autoría, de cierta manera encontré un espacio para desarrollar mi escritura y compañeros de trabajo para llevar los textos a escena (o pantalla). Siento que funciono más como un factor de diversificación en un ámbito donde los profesionales son más bien homogéneos en sus formaciones y experiencias. Ahora, si me hacías esta misma pregunta en 2017, lo más seguro es que te hubiese dicho que sí, que me sentía “bicho raro”.




En tu escritura se evidencia la influencia de la dramaturgia europea contemporánea. ¿Cuáles son los autores europeos que te inspiran o que te han entregado herramientas para escribir? ¿Cuáles son los chilenos?


Tengo una gran influencia de René Pollesch y de Falk Richter. Siempre los estoy leyendo y releyendo. Me interesan mucho, también, los trabajos de Dea Loher y de Elfriede Jelinek. Son de esas obras a las que voy cuándo tengo preguntas sobre cómo seguir con la escritura. Por otro lado, lo que ha hecho Alejando “Chato” Moreno Jashés y los procesos investigativos de Manuela Infante me llaman mucho la atención.




Tú tienes una obra de teatro infantil llamada Mopi Mops. Este texto ganó el “II Concurso de Dramaturgia para Niños y Jóvenes Jorge Díaz”. ¿Crees que el teatro chileno está “al debe” en terminos de puestas en escena y en particular, dramaturgia para niñes y jovenes? ¿Cuáles son los desafíos a la hora de escribir teatro para niñes?


No creo estar capacitada para contestar si estamos o no al debe. He visto muy poco teatro para niños y jóvenes, casi todo de Tryo Teatro Banda y me pareció estupendo. La escritura de Mopi Mops nació como narrativa, tenía ganas de escribir algo que me hubiese gustado leer de niña, tomé un par de elementos autobiográficos y me puse a trabajar. Mi intención era que el texto no fuese condescendiente, no hay nada más desagradable que esa actitud paternalista que presentan algunos adultos. Mi idea era explorar desde ahí y así escribí una especie de cuento largo que, de la noche a la mañana, tomó la forma de texto teatral. Lo más complejo de escribir para niñes es su honestidad. Les niñes no van a pretender que les gustó un texto aburrido. Son implacables. Entonces no hay espacio para el relleno ni para momentos flojos. Además, hoy una persona de ocho años ya ha accedido a todas las ficciones imaginables, no se puede apelar a la sorpresa final. En este escenario opté por indagar en las relaciones y salió un texto muy tierno. Fue una sorpresa para mí.



Portada libro, disponible en www.interdram.cl (publicaciones).



Tu obra No abrigo odio por nadie, parece o podría ser un poema. Quizás es una manera de hacer menos dolorosa la temática, el golpe. Creo que la poesía siempre nace de un estado de ánimo que perdura un tiempo determinado, justamente para escribir desde ahí. ¿Cómo te encuentras con la poesía en el teatro?


En el caso de No abrigo odio por nadie la escritura estuvo desde un principio pensada en la puesta en escena. Era un monólogo para una acróbata, pensé en cuál sería una manera de lograr que un cuerpo exigido pudiera comunicar el texto. Así, en vez de recurrir a largos parrafazos (que es algo que me gusta mucho y me resulta entretenido de escribir), me incliné por un texto más breve, donde cada palabra pesara. En paralelo está lo que dices, el golpe es un tema duro del que se ha escrito mucho y muy bien. La pregunta por cómo me inserto en esa tradición también estuvo presente. Ahora, más que encontrarme con la poesía en el teatro o, por otro lado, más que buscar una forma poética en el teatro, lo que pasó con este texto es que las preguntas que guiaron la investigación inicial y el proceso de escritura tuvieron como respuesta esta forma de apariencia más poética. La forma no fue deliberada, fue el resultado de esa búsqueda.




Sabemos que estás trabajando con Teatro La Puerta. Cuéntanos de esta experiencia.


Efectivamente, estoy trabajando en Tsunami junto a La Puerta. Mi rol ahí es más teórico, junto a Mauricio Barría estamos a cargo de la metodología. Ha sido un proceso muy singular, llevábamos dos semanas de ensayos cuando comenzó la cuarentena. Desde ese momento nuestras reuniones han sido por Zoom. Afortunadamente, la primera parte del proyecto tenía que ver con temas más teóricos, como por el ejemplo, el concepto de sustentabilidad y algunas nociones de economía y ecología, a continuación, revisamos las 36 obras que La Puerta ha montado en sus 30 años. Esto último, al menos para mí, ha sido algo maravilloso. Luis Ureta conserva un gran archivo con el trabajo de la compañía, muchas fotografías, recortes de prensa, críticas, grabaciones de funciones y también de ensayos. Ha sido increíble tener acceso a una parte de la historia reciente del teatro chileno y también de la historia reciente del país y sus instituciones. Además de este goloseo que es revisar el archivo está el equipo de trabajo, estoy colaborando con personas que admiro, personas cuyo trabajo me acercó a la escritura dramática. Es una especie de deseo cumplido.





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"no abrigo odio por nadie"

Las entrevistas de Interdram 2020, cuentan con el apoyo de Fondart Nacional, línea Difusión, convocatoria 2020. Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio. Chile.

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