Territorio y dramaturgia

Creando memoria

 

No habíamos tenido la grata experiencia de realizar un taller de Memoria y Dramaturgia en el balneario de Cartagena… y tuvimos una grata sorpresa al descubrir la gran cantidad de historias, personajes y situaciones, con sus matices particulares, locales y personales, que con mucho entusiasmo y generosidad compartieron los participantes de este taller, en su mayoría adultos mayores.

 

Nuestra metodología especial, nos permitió generar la confianza necesaria para que cada participante contara algo sobre cómo se conformó su comunidad en Cartagena. Todo fue surgiendo con mucho respeto y no tardó en comenzar a brotar la emoción y los múltiples detalles, gracias a la vigencia de los recuerdos. Recuerdos que en el taller se transformaron en un conflicto dramático, una acción, en personajes, diálogos, un clímax y un desenlace.

 

Todos involucrados, todos aportando en la definición de cada situación dramática propuesta por ellos mismos, escogidas para representar de la mejor manera cómo fue que hace 50 años atrás, este grupo de mujeres y hombres, ahora ancianos, tuvieron la fuerza para tomarse una duna y construir ahí con el tiempo, una comunidad que contuvo sus vidas e historias.

 

Los vecinos y vecinas recordaron cada hito, de cómo llegaron hasta ahí, de donde venían, como se ganaban la vida, la crianza de los hijos, las historias de amor y desamor, la perseverancia en la construcción de los hogares, los sacrificios y alegrías también.

 

La obra fue llamada Construyendo un Sueño, por el anhelo que todos tuvieron al llegar a esta duna, tener su propia casa.  Y por supuesto es también una historia de amor, con un triángulo amoroso. Chepita, la protagonista llega a Cartagena desde la periferia de Santiago para que sus hijos conocieran el mar, van por el día y se quedan para siempre. Al comienzo viven en una carpa en la playa, y luego, ya en la toma, construyen su casa de charlata. Chepita se debate entre dos pretendientes, Juan un hombre bueno que la ayuda dándole trabajo en la venta de pan de huevo en el balneario y Nazlo, un gitano del sector que la encandila con su libertad.

 

Entre todos los participantes acordaron, que Chepita debía quedarse con Juan, porque la ayudó a construir su casa y era un buen padre para sus hijos, trabajador y honesto.

Pero además, todos concordaron en que Chepita existía en la vida real, y que era nada menos que una vecina, la señora María. Ella estuvo de acuerdo y rememoró diferentes pasajes de su vida que sirvieron de base para crear la ficción… como cuando fueron a pedirle ayuda al dueño de la ferretería del centro, un español que llegó en el Winnipeg, y que los ayudó con la charlata para hacer sus piezas. Incluso se las fue a dejar en camión a la duna.

 

Este tipo de experiencias permiten que surjan sentimientos de pertenencia, identidad, grupo y comunidad. De alguna u otra forma todos aportaron en la historia (sobre todo las más secas para ver teleseries que inventaban con facilidad conflictos para Chepita). Pero también porque es una forma de reconocimiento, para tomarle el peso a todo lo que lograron y darse cuenta de lo que fueron capaces, como también porque es una manera entretenida y emocionante para que los más jóvenes sepan lo que sus abuelos hicieron por ellos, reconozcan su esfuerzo y respeten los valores que les hicieron posible… concretar sus anhelos.

 

 

Ana López Montaner

Profesora del taller Memoria y dramaturgia en territorio

 

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